san miguel de aralar

Probablemente el lugar más mágico en tu escapada rural navarra, el santuario que hoy podemos visitar en la cumbre de Aralar es un conjunto románico que presenta básicamente el mismo aspecto que tenía en el siglo XII.

Sin embargo, tras los estudios realizados en la década de 1970, se apunta la existencia de un templo anterior, del siglo IX, que habría sido destruido casi en su totalidad en un avance musulmán y del que se habrían aprovechado para el nuevo templo, algunos restos de muro. El templo románico se habría construido en dos fases, en los siglos XI y XII; el primero comprendiendo la zona de los ábsides, y en la segunda se habría ampliado el conjunto con las tres naves y el nartex.

La iglesia prerrománica

Las excavaciones realizadas en el santuario apuntan la existencia de un templo anterior al actual, de época carolingia, siglo IX, del que únicamente habrían llegado hasta nuestros días unos pequeños sillares del exterior del ábside central, que tienen una coloración más oscura que el resto y tres ventanas con forma de herradura en el mismo ábside, así como los arranques de una bóveda gallonada sobre el crucero.

Sería aquél un templo pequeño, de una nave, con porche, que tendría encima una pequeña capilla a la que se accedería por una escalera de caracol. Podemos suponer que aquella primitiva iglesia, de apariencia prerrománica, fue destruida por los musulmanes en alguna de las campañas que, como la capitaneada por Abderraman III el año 924, se adentraron en territorio del reino pamplonés. O también podemos pensar que un incendio produjo su ruina.

El templo románico y su capilla

Con posterioridad a la destrucción del templo prerrománico, se habría construido o reconstruido el santuario, que es citado en documentos a partir del 1032, y que fue consagrado en 1074. Muy probablemente este santuario comprendería la zona de ábsides del templo actual.

El Retablo de esmaltes: La joya

Retablo de esmaltes. La joya medieval del Santuario

El presbiterio del santuario de Aralar está presidido por el retablo de esmaltes de Santa María, joya singular de la esmaltería medieval europea. Antiguamente fue un frontal de altar y probablemente respondió al obsequio al santuario del rey de Navarra, del obispo o de algún otro poderoso personaje.

“La configuración artística de los rasgos que caracterizan esta obra de esmaltado meridional, famosa entre las diez mil muestras hoy ya catalogadas y clasificadas –escribe Gauthier- permite situar su fabricación entre 1175 y 1185”.

En ese tiempo reinaba en Navarra Sancho VI el Sabio y ocupaba la sede episcopal Pedro de Artajona, más conocido como Pedro de París. Puede pensarse que ambos estuvieron directamente implicados en la realización de esta singular obra de arte, en un momento de florecimiento cultural y artístico del Reino en el que se planteaba la construcción de la catedral románica de Pamplona y otros edificios significativos.

 

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